Las ganas que tenía de reseñar este disco. Amenra no necesita presentación para quienes están al tanto de lo destacado del panorama underground; mucho menos para los amantes del Sludge/Post-Metal y el Post-Rock. Estos belgas son la apoteosis del sufrimiento transformado en música, de la belleza más cruel y de la oscuridad que ampara. Amenra son la liturgia que estos tiempos necesita. Su emotividad es real, demasiado real, y los nervios se estremecen. Imposible no cerrar los ojos y dejarse llevar con su música. Imposible no sentir un desgarro en las emociones.

A falta de Isis, o si ya has quemado casi literalmente tus discos de Neurosis, Amenra viene a ocupar el inmenso hueco con efectividad y dignidad.

Este cuarto larga duración (los otros Mass son entre EPs y directos) es un trabajo que ha sido macerado con paciencia y dolor, con una calma desquiciante para obtener el resultado más óptimo con los medios y experiencia disponibles, que para nada son de bajo nivel. Años después, la larga espera desde el último disco ha merecido la pena.

Introduzcámonos en el túnel que conduce hasta el interior de la carne.

El álbum comienza con Children of the Eye. Hay intuiciones que no fallan o en las que coinciden una mayoría, y ese ambiente creciente desde donde surge la guitarra nos avisa que estamos ante un gran disco. Las tinieblas paren la melodía con lenta demencia. El ambiente ha muerto, y nos quedamos a solas con una melodía que pronto crece para permitir el paso desde el umbral al resto de la banda. Fuerza, ira, poder estéril que el vocalista, Colin H. Van Eeckhout logra transmitir a la más absoluta perfección. Durante el disco todos los músicos destacan, pero la voz resulta lo más absoluto, el vehículo entre lo abstracto de la música y el oyente. La canción posee un ritmo o motivo repetitivo que no resulta cansino, un toque arábico que hipnotiza para que seamos con facilidad parte de la experiencia. De normal mataría por saber qué se siente al interpretar desde dentro esta clase de música, pero en este caso uno se siente parte de la atmósfera. Somos uno con ella, de la contundencia de esa batería sin prisas o de un bajo que rellena hasta la última molécula de aire. Llega el clímax, la voz se torna limpia, y sólo queda sentir, llorar la misma sangre que perdió Colin durante un sufrimiento inconfesable. Momento culminante digno del género como hacía tiempo que no se sentía. Vuelvo a creer en el Sludge, cuando en verdad siempre he tenido fe. Clímax dentro del clímax y últimos gritos desesperanzados. Queda la guitarra sin tinieblas, lo que significa la absoluta soledad. Pronto agoniza y se apaga.

Un diez. Mejor inicio imposible.

Edelkroone es un interludio narrado. Intenté buscar la letra, pero resulta difícil. Por lo que intuyo, no hay felicidad en la voz. Una pesadumbre resignada hecha poema.

Damos paso a Plus près de toi (Closer to You), un tema que empieza directo, presentando una atmosfera opresora digna del Drone. La guitarra nos salva por un momento. En ese periodo apreciamos el ritmo decadente, ultra pesado de bajo y batería. Regresamos a la opresión, donde recordamos que el Sludge es el bastardo orgulloso del Doom. Un poco más de tranquilidad, pero ya estamos heridos. Toda esta negrura tan bien elaborada nos hace cerrar los ojos. Somos uno con la armonía. La estructura de la canción sucede con calma, y un cambio resulta emotivo, una pequeña esperanza antes de volver y ser cortados de golpe. Una melodía acústica queda en el aire. Pura melancolía. Parece que todo va a terminar, pero estamos a la mitad. Una guitarra Post-Rock se une a la voz. Nos narra una realidad inesquivable, un asumir doloroso. La voz en limpio es realmente preciosa, y eso suma grados a la melancolía. La guitarra refuerza, los platos de la batería dan el punto. Se avecina el clásico crescendo que se pide en este estilo de música. El todo estalla. La explosión es progresiva, muy lenta hasta que poco a poco va definiendo la emoción que se pretende. Una vez logrado, sólo queda morir.

Spijt es el otro interludio. En esta ocasión la letra sí que ha podido ser hallada. Se habla en clave poética de un miedo interior que florece hasta la piel, de una soledad eterna de quedar enterrado en tristeza. Se habla de renunciar a todo, de rendirse, de saber si uno está despierto. Parece un mensaje universal sobre el miedo. Nunca algo tan oscuro y triste resultó tan hermoso.

AmenraFoto: Aldara ZN

Llega lo que es en mi opinión de los mejores temas que ha compuesto la banda. A Solitary Reign a su vez se convierte en heraldo del género. Puede ser colocado con poco margen de error en listas de lo mejor del Sludge o el Post-Rock. Durante toda la canción hay un motivo o melodía que se repite con asiduidad. Es de las claves que nos introducen dentro para no lograr escapar ante tal composición. La voz nos va tomando del alma para meternos con calma. El bajo se va elevando, surgiendo alrededor. El ambiente es preciosista hasta que llega la distorsión que lo convierte en lo sublime. La voz en limpio contra la agónica se combinan, como si fuese la voz exterior y la interior, lo que uno expresa contra lo que en verdad se está sintiendo. Una constante de cambios ejecutados con maestría. Sucede un cambio radical a mitad que desgarra con un gutural. La guitarra ahora es más agresiva, la atmosfera es abrasiva y nos queda arder en el ensalzamiento del sonido. Las impertinencias de la voz conducen hasta un riff de guitarra invariable aunque efectivo. Regresamos a la contundencia, fusionándose lo mejor de cada género presente en Amenra. Queda morir en el ciclo creado de dolor, hasta que se deja de sentir y se flota en belleza. Morir entre una atmosfera distorsionada nunca mereció más la pena. La voz alcanza la culminación, resguardada en lo oculto por la emoción de la guitarra.

La oscuridad da paso al tema final. La melodía de guitarra se siente perdida en Daiken. Pronto unos ritmos la guían, aunque no parecen fiables. Esta pesadez es inquietante, va caminando hacia nosotros. Da la impresión que nos va a aplastar. De nuevo esa intuición de un ritmo del lejano oriente. Tormentas de arena negra que pronto nos cubrirán. La distorsión digna del mejor Sludge comienza a abrasar al mundo, en breve todo quedara tan negro como la oscuridad, y se fusionará con ésta para ser un único concepto. Este es el tema más pesado y agresivo, lo más decadente para el final, cuando ya no hay escapatoria. Una constante distorsionada que nos engancha a cabecear hasta ser uno con el ritmo. Variaciones preciosistas redondean la composición. Una joya que no devuelve la luz pero que fascina por igual. La melodía perdida ha sobrevivido a la destrucción del mundo. Se la nota diferente, la experiencia la ha convertido en otra. Acordes del apocalipsis aún perduran sonando cada cierto momento. La voz da su última confesión, no tiene donde aferrarse. Deambula hasta que sucede la abrasión final. Últimos gritos de agonía junto a instrumentos asumidos y/o resignados.

Queda la oscuridad.

Amenra Hellfest 2018Foto: Aldara ZN

No se sabe cuántos años pasarán hasta el siguiente trabajo, pero sí se sabe que volverá a merecer la pena. Amenra se coloca en el podio del Metal con merecido reconocimiento, con la impresión sobre que no pretendían tal logro. Sus directos poseen una fama de ritualísticos, de una calidad impresionante. Si en disco ya dejan a uno con el alma suelta, el directo será digno de aquella leyenda urbana sobre el Made in Japan de Deep Purple, donde alguien se dio un tiro en la sien tras escuchar la mejor interpretación posible de la ya de por sí inmejorable Child in Time. Tarde o temprano iré a verlos en directo. Si leéis la noticia sobre un chaval que se metió un tiro en la cabeza en un concierto de Amenra, sabréis cuan de magnífico es el nivel y el sonido de estos belgas que, espero, perduren por mucho tiempo más.