Azkena Rock Festival 2019
Viernes 21 de junio | Vitoria-Gasteiz
Texto: Dave Blanco

Un año más, y ya van 18, el Azkena Rock Festival volvió a Mendizabala a cumplir con su tradición de llevar a la capital vasca los sonidos nuevos y clásicos (en gran parte estos últimos), que se cubren bajo ese gran manto que es el rock.

Con miedo a tener una jornada de viernes pasada por agua, llegamos pronto al recinto para palpar el ambiente previo y ubicarnos dentro del festival. Ligeros cambios con respecto a años anteriores (cambio de ubicación de las taquillas para descongestionar la entrada y traslado del escenario Love, para nosotros el escenario 3 por eso de entendernos mejor y no hacernos líos con los nombres), para no entorpecer el flujo a la entrada del recinto festivalero.

Foto: Óscar L. Tejeda

Micky and The Buzz fueron los encargados de romper el silencio y dar el pistoletazo de salida desde el escenario principal (sin contar con el concierto de mediodía en la Plaza de La Virgen Blanca). Sonidos rockabilly para ponernos en situación de lo que vendría más adelante. La banda, con poco más de un año de vida, pero de componentes de extensa trayectoria, defendieron muy bien su propuesta de jump-blues bailable a ritmo de contrabajo y saxofón, con una excelente Micky a las voces. Los locales Giante se ganaron su puesto en el cartel a base de trabajo y constancia. Más cercanos post rock y al hardcore, su música en el escenario Love, se coló como pudo en el escenario, posiblemente, con peor sonido del festival. Aún así, consiguieron convencer a pesar de que las voces (a medias entre ambos guitarras) costaban entenderlas con claridad. Aguantamos casi hasta el final, pero nos picaba la curiosidad por ver la actuación de Surfbort. A nuestra llegada al escenario 2, perdón, el escenario Respect, escuchábamos la voz de Dani Miller pero no la veíamos, y es que la californiana se encontraba cantando a las primeras filas desde abajo, en la valla, rodeada de fotógrafxs. Siempre feliz y risueña, al igual que el punk que procesa con su banda (formada por dos guitarras, batería y ningún bajo), la cantante no paró de moverse por el escenario como la diva punk que es. Poco a poco los rayos de sol iban apareciendo tímidamente hasta que ganaron por completo la batalla a las nubes y a esa amenaza de lluvia que finalmente no se presentó a la cita «azkenera».

Foto: Jordi Vidal

La legión de tupés y pin-ups ganaban por goleada la partida del estilismo, lo que nos dejó claro quienes iban a ser los grandes protagonistas. Pero antes, turno para The Living End, quienes precisamente son la banda que está acompañando a Stray Cats en su gira europea. De nuevo, otra banda que cambia bajo por contrabajo (la tónica de la primera jornada). Con esta formación en trío, los sonidos nos llevaron por derroteros muy dispares, con ramalazos de Nirvana, Audioslave o Green Day, por ejemplo. Sonaron, entre otras, «Second Solution» , «White Noise» y una de las más guerreras y aplaudidas por el numeroso público que ya aguardaba a los gatos, «End of the World». Buen sonido el sacado por los australianos en el escenario principal, que también tuvo un momento jam session en los minutos finales de su actuación.

Foto: Óscar L. Tejeda

A Deadland Ritual (ese proyecto de super banda creada por el bajista de Black Sabbath, Greeze Butler) generó cierta dualidad en los comentarios de los presentes. Para algunos una verbena de un mal grupo tributo y para otros todo lo contrario. Lo cierto es que con los quilates que se movían sobre ese escenario, bien se podría mejorar algo el rumbo que parece tomará la banda. Por el momento, poco tema propio, sus dos adelantos hasta la fecha «Broken and Bruised» y «Down in Flames» y mucho cover de las bandas de sus integrantes (Black Sabbath, Billy Idol, Velvet Revolver). Franky Pérez nos pareció que defendía muy bien su papel de frontman y salió airoso de «Neon Nights», «N.I.B», «Sweet Leaf» o del cierre con «War Pigs» bajando al público hasta donde el cable de su micrófono le dio alcance, pero creemos que se encontraba más cómodo con los temas propios. Steve Stevens tuvo su momento para lucirse con las seis cuerdas en la versión de «Rebel Yell».

Foto: Jordi Vidal

Y ahora sí, llegó el turno para los deseados del viernes. Todos los looks, anteriormente mencionados, o las incontables camisetas de la banda, daban constancia de quienes iban a mover la masa humana que allí se congregaba. Pero antes, un inciso para la primera gran sorpresa, y es que en los minutos previos a la actuación de Stray Cats, las pantallas del escenario principal anunciaban los que son ya, los dos primeros nombres de la edición de 2020, Social Distorsion y Fu Manchu. Dos bandas que, como veríamos a posteriori, ya han hecho que muchxs se marcharan de esta edición con su bono para el próximo año en el bolsillo. En lo que se refiere a la actuación de los tres gatos, pocos peros le ponemos. No siendo un estilo musical que consumamos en nuestro día a día, reconocemos que sonaron muy bien (quizás la guitarra quedaba algo baja al principio). Cuarenta años desde su formación son muchos años, pero en Mendizabala demostraron tablas y actitud y llevaron el azkena a su terreno. Comenzaron con «Cat Fight (Over a Dog Like Me)» y «Runaway Boys» con medio azkena coreando las palabras del estribillo que dan título a la canción. El solo improvisado de guitarra por parte de Brian Setzer que, acabando junto con sus compañeros con «Misirlou», dio para otra gran ovación. El setlist estuvo colmado de todos sus grandes éxitos, con un bloque central algo más pausado que remontaron desde «Blast Off» hasta «Rock This Town» con la que llegaron a un bis sin irse del escenario. Dos temas más, con «Rumble in Brighton» cerrando su garajera actuación sin temor a que pasen otros cuarenta años más.

La primera jornada de festival pasó uno de sus platos fuertes, y algunxs ya desfilaban hacia la puerta de salida del recinto, dejando un viernes algo pobre en entrada. Y sentimos pena por ellxs, puesto que se borraron del mejor show de la jornada inaugural, el de Blackberry Smoke. Sonido perfecto y ejecución sin fisuras de la banda de Charlie Starr, quienes, en poco más de una hora, supieron dar un recital de classic rock, para deleite de puristas. Puede que pecaran de conservadores en el setlist, y quizás algo más de soltura y garra, para que, una actuación en festival, les hiciera sumar más puntos entre los escépticos a su propuesta, en lugar de querer cuadrar cada movimiento. Un cierre en alto hubiera dejado mejor poso.

Foto: Jordi Vidal

Había que hacer tiempo hasta las dos de la madrugada para otra banda a la que le teníamos ganas, y para ello antes había que pasar por el aro de The B-52s. Aquello si que no era para nosotros, ni para buena parte del público, que miraba con estupor la actuación de los georgianos, y más viniendo de donde veníamos. No dudamos que antaño tuvieron buenos momentos y que son leyenda viva de la música, pero llega un momento en que uno debe saber retirarse a tiempo. Aún con esto, hubo gente que hizo de tripas corazón y se echó un buen rato bailando en las últimas filas y en los laterales del escenario principal (puede que también fuera por entrar en calor y quitar el frío que empezaba ha hacer mella en la capital vasca). Justxs de voces los tres, y la pomposidad del colorido sobre el escenario, contrastaba con todo lo acontecido anteriormente. «52 Girls», «Planet Claire» y «6060-842» por resaltar algunas, y poder escuchar en directo «Love Shack» fue lo más reseñable, pero nos seguimos quedando con sus discos de estudio.

Y con el frío llegando hasta los huesos, llegó igual la actuación a la que más ganas le teníamos del viernes y que nos hizo aguantar semejante ola siberiana, los neoyorquinos Glassjaw. Pero más fríos íbamos a salir de su concierto. La poca gente que allí nos congregamos (seguramente no éramos más de 500 en el escenario 2) aguantamos estoicamente más por ganas que por lo que pudimos presenciar. A los de Daryl se le vió un tanto apáticos, fríos y con desgana, por no hablar del nefasto sonido que sacaron, esto sumado al frío y a las horas de festival acumuladas hicieron de la actuación, la primera gran decepción del Azkena Rock Festival.

Foto: Jordi Vidal