Autor: Juanse Gutiérrez (Nubis)

Cada cierto tiempo aparece en el panorama musical uno de esos discos que son capaces de marcar un antes y un después. ¿Cómo reconocerlos? Sólo el tiempo da la respuesta. Queda la intuición como única aliada para saber si estamos ante una de esas obras capaces de crear influencia o, al menos, una muesca en la dimensión abstracta y social que supone la música moderna.

Por otro lado, dentro de ese cada cierto tiempo hay un sub-nivel que representa a un país como España. Si ya es poco frecuente a nivel internacional, imaginad a un nivel nacional; es más, imaginad a nivel de un país como este, donde los músicos alternativos, poco convencionales o nada comerciales andan con el ceño fruncido debido a la cantidad de injusticias y olvidos en torno a la cultura. Sin embargo eso puede ser inspiración, esa rabia contenida o no escuchada puede producir energía compositiva. Puede que ese sea el caso de Exquirla, banda Post-Rock con voz flamenca que pretende dar un mensaje contundente y atemporal: objetivo logrado.

Se sabe por manido que las comparaciones son odiosas, y tras leer entrevistas voy a evitar nombrar cierto disco clásico español de la música alternativa más original, pues conforme más he escuchado este “Para Quienes Aún Viven”, más claro me queda que es una obra con identidad propia que huye de influencias y, sobre todo, de pretender ser una fusión o súper grupo de varios artistas (por eso incluso omitiré el nombre de los artistas separados que componen el conjunto, por respeto a la intención). Es más justo compararlo con álbumes que supusieron un inicio, como el mítico «El Patio» de Triana, que introdujo el Rock Progresivo en España mezclando con un pleno magnifico el folklore del sur (flamenco y derivados). «La Leyenda del Tiempo» de Camarón también me viene a la mente, por eso de tratar con una banda de Rock y/o de Jazz para abrir la mente flamenca de una vez. El experimento salió bien, pero porque no fueron experimentos propiamente dichos, sino música con ideas de identidad propia. Los géneros sólo fueron las herramientas. En mi opinión, desde «La Ley Innata» de Extremoduro que no se ofrecía en España un disco de tal calibre de originalidad de calidad.

exquirla foto reseña

Canción de E nos introduce al ambiente que perdurará en el disco. Se escucha la voz del autor de las letras, Enrique Falcón. Es severa y auténtica, nos cuenta con sinceridad las injusticias poéticas de su libro «La Marcha de 150.000.000». La batería y los reverbs de las guitarras y bajo son acompañantes para poder terminar de abrir el portal. Escuchamos, intuimos, el dolor de la voz cantante, un eco en el tiempo que se está calibrando donde nosotros. Parones, fuerza, el pecho ya se está llenando. Emoción, inundación abstracta y estalla la calma para fusionarse y dar comienzo a Destruidnos Juntos. La melodía triste, cansada aunque hermosa de la guitarra, el lamento de la voz es una gruta en el espacio-tiempo, la pena del pasado que sigue presente. Se inicia un arpegio que le sigue la contundencia de los timbales. Una melodía protagonista que pronto es relevada por la voz, que en cada fraseo del disco demuestra una potencia y limpieza admirable. Puro esfuerzo y trabajo, sentimiento constante y sufrido que ayuda a que la letra tenga el sentido que merece. Es pronunciarse esa frase protagonista que obtenemos el primero de los momentos emocionantes que frecuentan la obra. He leído por varias reseñas quejas sobre la voz, que no figura en primer plano o acaso choca en su métrica y en la unión con el estilo dispar, y me sorprende porque realza y mejora los ya de por sí emocionantes crescendos del estilo Post-Rock. Jamás pensé que escucharía una música como esta, una que me vuelve a emocionar como cuando de joven descubrí mis bandas favoritas.

Hijos de la Rabia comienza con una estática oscilante a la que enseguida se une un ritmo melódico de guitarra que anuncia la épica. La onda se retuerce, sufre, y comienza la canción con un ritmo vigoroso que va emocionándose conforme la voz los guía. Cuando están a punto de estallar, regresan. Es una estructura eficaz, y deseamos más. Nos lo dan, y todo está a punto de arder. Regresan. Juegan a placer, nos dejamos llevar, es imposible no seguir este ritmo. Se repite el patrón, y continúa, sube más que en las anteriores veces, todo va a llegar a un culmen, la voz llega al límite de tonos, pero entonces nos ofrecen una calma inesperada que nos deja flotando. Navegamos entre melodías preciosistas cargadas de ese pasado del que es imposible huir (no olvidemos la declaración y los horrores que narra la letra). Una guitarra típica del Post-Rock no está de más, y redondean este grandioso tema que huye de estructuras convencionales, que es un pasaje digno del poema épico en que se basa. La voz se une al preciosismo y da la pincelada que faltaba antes de regresar al glorioso ambiente impregnado en cada resquicio del tema.

Interrogatorio tiene un aire a mis bien amados Alcest. Un ambiente en penumbras donde tiene cabida cada tipo de sentimiento. Es el descanso en el camino hacia ningún lugar. Este paréntesis sirve para introducirnos a El Grito del Padre, donde un juego de coros es dominado por un ritmo electrónico y unas cuerdas misteriosas. Se unen más detalles y todo se va engrosando, recordando a esos pasajes o intermedios ultra efectivos de bandas de Rock/Metal Progresivo. Una melodía de guitarra mecida por arpegios sirve para que la voz se pueda lucir con el momento más flamenco. Quizá este sea el tema más convencional o que sigue la pauta del género, por lo que si uno es admirador del estilo se encuentra con los sonidos y tesoros que siempre ofrece el Post-Rock (incluido un final demoledor sin usar ritmos machacones o contundentes). La letra sigue siendo acertada, bien seleccionada del libro original, y aquí cada instrumento sólo puede crecer y crecer.

Llega Contigo, un tema al puro estilo Triana, pero añadiendo toque personal y una oscuridad que ahueca el alrededor. Parece como si los músicos se situasen dentro de una cúpula que no existe en este tiempo. Sin duda es de las canciones más emotivas y efectivas a pesar de ser la diferente de entre el repertorio. Conforme más se escucha, más mejora, y no sabemos si es por ese sintetizador al fondo, por los acordes entrecortados, por la voz… sencillamente es música bien compuesta, una oda a la musa que sufre la ironía de estar inspirada debido a su constante tristeza.

 

El clímax del disco es Un Hombre. El mejor tema del disco ya anuncia ese aire de final con la melodía inicial y sucesión de acordes. El trabajo de las guitarras no decae en ningún momento. Avanzamos hasta llegar a un pasaje que ayuda a una de las guitarras a sincerarse con pocas notas. La voz aparece sin hacer ruido, al igual que el hombre que está muriendo al que se refiere la letra. Susurra, habla en voz baja para no perturbar el momento. Las guitarras narran lo que no se dice, lo que nadie se atreve a contar. A lo largo de la canción la voz va subiendo su volumen y tono de una forma gradual y perfecta, hasta revelarnos la sección principal del tema, de una emoción difícil de conseguir, donde la voz da su mejor trabajo, donde toda la banda está implicada. Una sección central surge con fuerza debido a la calma que representa. Se parafrasea palabras con aire de funeral, y un solo de guitarra completa el momento. Parecía imposible, pero se completa aún más, y eso permite que regresemos a la sección central, ahora con la guitarra desbocada, lo que servirá a la voz para desatarse y morir en gritos para siempre.

De epílogo nos queda la que es la crítica más directa. Europa Muda asume su destino a un ritmo Rock frenético dentro del tiempo medio. El cantante nos exige que oigamos, y más que cantar, nos narra, ocupando más tiempo que en otros temas del disco. La épica de toda la obra se resume con todo el conjunto funcionando como la mejor maquinaria engrasada. Algo me dice que los siguientes trabajos de Exquirla llevarán el tono o estilo de esta canción. Una sección anuncia el final del camino, un ambiente que se lleva el alrededor poco a poco. La parte central es puro ambiente y voz, dolor y desgarro con esas confesiones de muertes injustas. El horror de la guerra también puede recibir su sentido o expresión con la belleza, un contraste de extremos que duele por poético. Este género siempre fue idóneo como música del fin del mundo, como el asumir del fin de lo conocido. Cuando la esperanza ya no tiene cabida, ¿por qué seguir sufriendo? Y de mientras, el todo se llena de luz hasta que nada tiene sentido, acaso un único color: la suma de todos. Y de repente, la oscuridad.

De vez en cuando uno se sorprende de descubrir un disco como este, aunque los espacios de tiempo para hallarlos sean cada más extensos. La calidad de sonido, la perfección de cada pasaje bien medido y repensado, el trabajo al que se llega a entregar cada componente del conjunto… Es admirable, y daría rabia que pasara sin pena ni gloria. Aunque, mirando reseñas por Internet, admirando las lágrimas que se cuentan que han sido vertidas en los conciertos, mi intuición con respecto al futuro de esta banda se muestra cada vez más positiva. Sólo el tiempo sabe.