15.11.2018
La Boite (Madrid)
Fotos: Aldara ZN

No es hasta que llega el frío a la capital, cuando las capuchas pasan desapercibidas y los abrigos pueden esconder objetos útiles, cuando la editorial La Felguera organiza un festival a su medida y a la de sus agentes provocadores.

La segunda edición de Fandemonium se ha celebrado a lo largo de una semana y ha albergado todo tipo de eventos, repartidos por varios rincones de Madrid: conferencias sobre magia, performances inmersivas, rutas guiadas o debates entre músicos y científicos; han tenido lugar en librerías, sótanos y cementerios.

Lxs agentes, que también pertenecemos a Rockodrome, hemos estado en varias de estas citas: la visita al pequeño museo Torres Quevedo, inventor del primer mando a distancia y autómatas ajedrecistas; la apasionante ruta por el Useras rebelde, de la mano de Héctor Melchor (Sudor); y el punto álgido del festival que supuso La noche de Fandemonium.

En la céntrica sala La Boite se celebró el único evento de pago del festival. La noche de Fandemonium no podría ser otra cosa que un gabinete de curiosidades seleccionado por La Felguera. Aquí la normalidad no tiene cabida y tampoco se la echa en falta. La encargada de conducir la noche es Laura Inclán, una irreverente cupletista, que con humor interpreta unos cuantos cuplés para alguna víctima que sube al escenario y lxs, sorprendentemente, numerosxs fans del género que había en la sala. ¿Puede ser el sucesor del trap? Este agente no iba a revelar el soplo recibido pero, como Laura Inclán no tuvo inconveniente en anunciarlo, puede que el cuplé se convierta en la próxima moda a raíz del libro sobre cupletistas que publicará el año que viene La Felguera.

Tras ella, es el momento de Raúl y Jaime Figueroa. Jaime es un ventrílocuo y cómico. Raúl, su hermano gemelo, es una marioneta de tamaño natural con tendencia al alcoholismo. Su espectáculo es un crucero decadente, valga la redundancia, que rápidamente conectó con un público que se divirtió y entró en el juego como si volvieran a la infancia.

Después suben al escenario Los Caballos de Düsseldorf, encarnadxs para la ocasión en Llanto Cacofónico del Demonium, un duo solo tolerable para amantes del noise y la experimentación. Perfecto para la noche de hoy. Entre sus manos tienen multitud de instrumentos caseros, los cuales son exprimidos para recorrer todas sus texturas hasta llegar a momentos verdaderamente interesantes y potentes.

Para cerrar la noche, Javier Díez Ena junto a su inseparable theremín ponen música a “El anillo que mata”, uno de los episodios de Les Vampires. El sonido del theremín se adapta como un guante a la textura de las imágenes rodadas en 1915. Lo mismo sucede con la interpretación de Javier, cuya música se integra en la historia, distando notablemente de lo que hemos podido ver en anteriores conciertos suyos. Nunca deja de sorprender la complejidad de los sonidos que producen y más cuando se han compuesto para una ocasión posiblemente irrepetible.