Autor: Juanse Gutiérrez (Nubis)

La onda expansiva que se produjo al surgir el primer disco de Black Sabbath aún perdura. Como una piedra lanzada al agua —en esta ocasión con un material no probado antes— surgieron ondas que se aventuraron atravesando el tiempo. Los listos vaticinaron apocalipsis tempranos, mientras que los fieles recién creados a esta religión se mostraron inquebrantables, como el propio material al que de pronto adoraron. Sus mentes se abrieron y, cincuenta años después, hay templos por todo el mundo.Black Sabbath supuso el nacimiento de géneros como el Heavy Metal (con ayuda de otros tantos contemporáneos), del Stoner y del, a lo que viene al caso, el Doom Metal.De nuevo me hallo ante la sorpresa de cómo ha cambiado el panorama musical underground español. Voy regresando a la fe, o mas bien adquiriéndola esta vez de un modo tan sólido como la esperanza. Voy a hablar del trabajo de Grajo, banda cordobesa que inició su onda expansiva en 2015, lo que sorprende que en tres años hayan conseguido un par de colaboraciones serias, una demo y los dos trabajos completos que deseo reseñar. En verdad el primero de ellos, Grajo, a secas, es considerado un EP por su duración y producción, pero el acabado es tal que no considero descabellado tratarlo de álbum.

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En Grajo —lanzado en 2016— encontramos el claro mensaje de dar un Doom más orientado al tradicional. En todo momento recordamos la esencia de Ozzy y los suyos sin sentirnos ofendidos, pues esta banda deja clara su veneración, aportando su toque que, como comprobaremos de un trabajo a otro, evoluciona a una esencia más abierta, lo cual hace que guste a oyentes poco acostumbrados al Doom. Una de estas claves de esta personalidad es la voz de Liz, fémina que deja arrastrar la belleza de sus melodías para que se pierdan entre lo etéreo que logra la música. Hipnotizados por la voz, seguimos su rastro hasta hallar que entre esta pesadez hay un ambiente de psicodelia y Space Rock, tan influenciados como si estuviesen viviendo la misma época que aquellos sesenteros y setenteros desbocados en creatividad.

Los ritmos son de buen gusto sin resultar monótonos, o al menos lo suficiente para que nos adentremos en el baile de oscuridad de cada tema. Y es así este trabajo, un baile donde es imposible no cerrar los ojos y cabecear, imaginando danzas sensuales de mujeres serpiente. Los clímax aportan una emoción lenta. Es como ralentizar esos instantes de intensidad breve de los bueno temas. El éxtasis sigue durando un momento, pero es alargado en el tiempo.

Como presentación es un notable alto, no llegando al sobresaliente porque hay que adquirir la experiencia que lo permita. Debido a la duración del disco, no es de extrañar que lo escuchemos dos veces seguidas, reviviendo ritmos como los de Magic Eye o estribillos efectivos como los de The Devil Rides Out, ya convencidos desde el primer tema, I Am the Sea, que se complementa con la tremenda Golden Cemetery. No olvido el tema instrumental Imperium, donde un éter tan maligno como épico impregna cada nota y ritmo, sucediendo una emoción que por momentos nos aleja cual droga tomada por el más puro placer. Brutal esos riffs y el arpegio de guitarra; el solo que cierra, tan desesperado como bello; imperantes el bajo y la batería para lograr el ritual. Como último detalle sobre la voz, en el tema bonus, Feeding Our Demons, hallamos reminiscencias de la casualmente recién fallecida Dolores O’Riordan, cantante de The Cranberries. Lo tomo como una clara influencia por parte de Liz hacia el Pop más elaborado. Un tema de buen gusto donde poder expandirse más allá de las cortes del sagrado (o blasfemo) Doom.

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Justo este año llegó Slowgod II, su verdadera prueba de fuego. En fin, la han superado de sobra. Viendo la calidad del anterior trabajo, lo habrían logrado igual con pies y manos atadas, ojos vendados y todas las pirañas de la mala crítica en su contra.

Desde Altares, hay una notable mejoría en el sonido. La voz y los instrumentos han aprendido durante el año y medio de conciertos y recopilación de ideas. Sin embargo, la lentitud efectiva característica del género se nota distinta. No resulta tan contundente, apostando más por la armonía y el ambiente. Conforme avanza el tema ya estamos atrapados cuando comprendemos la intención. Hay un cielo de plomo sobre nuestras cabezas y hace tiempo que lo traspasamos. Es hora de despertar.

Queen Cobra representa el lema de la banda, la canción con la que moverán a todo el público posible en torno al escenario. Como con alquimia y malabares, del Doom pasamos al Stoner, recordando la unión de los géneros influenciados por aquel metal que cayó y creó sin todavía detenerse. Qué tremenda la instrumentación, con la habilidad de poseernos para que nos movamos hasta introducirnos en otro estado de conciencia.

La canción Malmuerta confirma mi teoría sobre las influencias de la cantante Liz. En esta ocasión tenemos un Doom más accesible con reminiscencias de, vaya, Cocteau Twins, de las mejores bandas Dream Pop existentes. Esas guitarras de estilo árabe/flamenco confirman que estamos ante un tema experimental sobre mezclas. Efectos de sonido completan la atmosfera que va transformando la oscuridad en un desierto a arena negra y miradas furtivas por parte de la luna. Liz demuestra su mejoría al desatarse, contagiando al resto de la banda para que entren con riffs y una base rítmica pesada de calidad. En cuanto a composición, de sus mejores temas.

Venga, regresamos a nuestro Doom con Ǝr. Es imposible no cabecear, imposible quedarse indiferente. Si en disco ya suena potente, en directo debe de ser un deleite de atmósfera idónea por la oscuridad del recinto o la noche. La guitarra resulta menos tímida que en el anterior trabajo, desatando otro solo de desesperación, repetitivo para terminar de derribar cualquier barrera mental que quedase. Una vez receptivos, sucede un parón que juega con los silencios. Ya imaginamos que viene la subida, pero la magia de este género es que lo hace con tanta calma, tal precisión, que se logra extender el objetivo y la emoción. Poco a poco, calmados… poco a poco, más… la voz va emocionándose a la par que los arpegios de la guitarra. Los timbales crean el ritmo de la danza. Queda estallar, y nuestra alma se transporta hacia el ambiente que impregna cada esquina de la conciencia. El solo termina de elevarnos hasta el límite.

Queda descender.

Horror & Pleasure es un retorno al Stoner. Quizá es un tema más al uso dentro del estilo. Aunque el ritmo constante, la efectividad de la voz y la guitarra menos retraída posible, regala buenos momentos y detalles que capturar. Conforme más se escucha mejora, deseando las partes de los solos hacia el arrastre final.

Malstrøm deja a entender la despedida con esos riffs iniciales. Un ambiente a oscuridad urbana va emergiendo de las sombras. Si hay que terminar, que sea con el género que mejor se le da a la banda. El Doom regresa, el chillido espacial perdura por el fondo, siendo impregnados mota a mota de psicodelia. La melodía de guitarra manda en este tema, que por momentos parecen dos canciones superpuestas. Resulta un tema instrumental que, a pesar de estar bien compuesto, nos deja huecos, deseando una canción cantada más como ya sucediese en el anterior trabajo. No queda otra que volver a enchufar el play y repetir la experiencia.

grajo fran romeroFoto: Fran Romero

En resumen, esta banda tiene mucho que contar. Me da la impresión que su breve pero intensa carrera está resumiendo lo que una banda de mayor tiempo en escena. ¿Esto es bueno, o resultará en acortar su vida? Espero que no se quemen y traigan otro álbum de calidad como estos dos que, personalmente, he disfrutado al dejarme llevar y olvidarme hasta el dolor de cuello que existe un mundo alrededor. Bravo.