22-24.06.2018, Clisson

 

VIERNES 22 DE JUNIO

Acudir a un festival de música en el que tocan 160 grupos en tres días es como leer un libro de “Elige tu propia aventura”. Hay que tomar decisiones, cometer errores y hacer sacrificios. También se puede hacer algo de trampa y mirar qué hay en la página elegida sin soltar de la que venimos por si nos conviene tomar otra dirección.

Normalmente al principio de la jornada no hay que tomar decisiones muy arriesgadas. En este caso teníamos la opción de empezar tranquilamente viendo a Mos Generator o madrugar un poco más y ser despertados por la bofetada sónica de Fange. Como no tomo café, me decanto por lo segundo. Surge efecto. Por suerte no hay que sacrificar a los majetes de Mos Generator, que tocan seguidamente en uno de los Mainstages. Es el momento de comprobar las novedades logísticas del Hellfest que tanto nos gustan. La primera es el empedrado de la parte más cercana al escenario, evitando así tener que elegir entre un eterno ciclo de destrucción-replantado de césped o la clásica polvareda. La segunda es un aumento significativo de las pantallas de vídeo. Muy rico.

Sin ningún rubor, empezamos con las trampas y dividimos el ya breve espacio de media hora por grupo para poder picotear más variado, equilibrado y sano. Nota mental: En la crónica del Hellfest 2019 usar la metáfora de un buffet libre de comida. Así que un ratito para Bukowski y su rock comercialete con toques stoner y otro para Sons of Otis y su stoner lentorro. Lo mismo pasa con el sonido cristalino de Tesseract y la mugre de Dopethrone.

Una de las cosas que más me gustan del Hellfest es que la mitad de los escenarios están cubiertos por carpas. Por su diseño, limitan bastante el sol y eso mola no solo por poder huir del calor sino porque puedes disfrutar mejor del diseño de luces de los grupos. Pero en el caso de Celeste no se puede hacer milagros. Su propuesta habitual es oscuridad absoluta exceptuando los frontales rojos que lleva cada miembro del grupo. En esta ocasión lo sustituyen por un muro de humo y barra libre de luces estroboscópicas.

En esta edición ha habido una importante migración de grupos de los escenarios Valley y Warzone, los predilectos de Rockodrome, hacia los Mainstages. Esta decisión tiene sus pros y sus contras. Por un lado implica, teóricamente, más grupos que me pueden gustar. Por otro lado y sin contar posibles solapamientos, la gran desventaja es que, como vemos con Converge y Meshuggah, la experiencia es menos intensa. Perdemos cercanía con las bandas y calidad de sonido comparado con los escenarios pequeños que son impecables.

Ahora toca siesta para coger fuerza para última hora y el concierto más importante de esta edición. Cuando volvemos al recinto nos encontramos con unos Eyehategod haciéndolo muy serio delante de relativamente poca gente. Al acabar, nos acercamos a ver a Bad Religion que, como Refused, tienen el síndrome del punk mayor y salen al escenario de traje. Pero ni la edad ni los trajes les impiden descargar el punk rock que llevan haciendo desde hace casi cuarenta años. Llega el momento de ir a coger sitio a la zona mainstream. La espera nos la ameniza Judas Priest y los cambios de chaqueta, literales, de su frontman Rob Halford. Para lo poco que me han interesado siempre, no está mal la cosa. Tampoco falta el numerito de salir en mochillo al escenario. A lo mejor me acaban gustando de aquí a que se terminen de retirar.

Al tardar Judas más de lo debido en terminar, literalmente lo digo también, el concierto de A Perfect Circle empieza precipitadamente. La base electrónica de “Counting Bodies Like Sheep to the Rhythm of the War Drums” solo suena por monitores y tarda medio minuto interminable en sonar para el público. La cosa mejora pero no todo lo deseable. El concierto entero transcurre a un volumen bajo, especialmente las guitarras de Howerdel, que no permite entrar de todo en él. Al menos la voz de Maynard suena impecable. La mitad del setlist se centra en su nuevo disco, algo que, pese a tener buenos temas, puede ser excesivo cuando solo se cuenta con una hora y llevas tantos años sin girar por Europa. Además se permitieron el lujo de tocar “Dog Eat Dog” una versión de AC/DC que no me puede interesar menos. En definitiva, un concierto en el que fue difícil entrar, lástima que más difícil sea ver ya a ciertos grupos además de en festivales en entornos más propicios como los de una sala.

SÁBADO 23 DE JUNIO

Empezamos el día con el stoner medio doom o el doom medio stoner de Monolord. Los descubrí en la edición del 2016 y este año tampoco me los podía perder. Una lástima que sigan estando en la zona de conciertos de media hora porque supo a poco. Empezamos con el tiquitaca entre los escenarios Valley y Warzone, ahora toca el turno a Get The Shot, banda canadiense de hardcore al uso con equis en las manos. Todo bien, muy potentes. Vuelta al Valley para ver a Jessica93, la presencia de bandas francesas aumenta cada año y muchas de ellas son bastante interesantes. En este caso nos encontramos con una banda de rock alternativo y ritmos machacones. No solo de stoner vive el Valley, un escenario que funciona como un cajón de sastre para el festival. Por mí bien.

Vuelvo a la Warzone haciendo el moonwalk. He recorrido tantas veces este camino que puedo hacerlo de espaldas y sin tropezarme con ningún árbol ni ningún borracho durmiendo a la sombra. Mentira, pero molaría. Otra ración de hardcore contundente es la que nos ofrece la joven banda Knocked Loose. Vuelta al escenario stoner, esta vez sí, donde nos espera 1000mods y, aunque pese a la calidad del grupo, sorprendentemente mucha gente. Parece que a a las dos de la tarde a todo el mundo le gusta el stoner. Sobre todo si es bajo la sombra de una carpa.

Tras la comida y la ya tradicional siesta, volvemos para ver un buen show de Terror. Acertado setlist lleno de temazos, repasando todos sus discos ahora que el último tiene ya un tiempo. Aprovechan para anunciar la inminente salida, en otoño, de su séptimo disco “Total Retaliation” e invitar a cantar “Keep Your Mouth Shut” al cantante de No Turning Back. Si no hay una polvareda infernal es solo porque también la zona de guerra de la Warzone ha sido adoquinada.

Como toca coger sitio para Deftones, vemos a Body Count escorados desde el otro Mainstage. La cosa se pone gangsta porque además vemos un par de peleas. Empiezan con el tema más versionado de la historia del metal: “Raining Blood”. Para ya seguir con sus propios temas clásicos y nuevos, puesto que su último disco, contra todo pronóstico, es especialmente lúcido y contiene varios temazos como “Black Hoodie”. Para finalizar cuentan con la colaboración en “Cop Killer” del solicitadísimo Sen Dog de Cypress Hill, que también tocará en el festival con su otro grupo Powerflo y saldrá a cantar con Deftones un mashup entre “Engine No. 9” y “How I Could Just Kill a Man”.

Empieza lo de Deftones y pese a no estar en el 98 ni sonar muy allá, la supervivencia en las primeras filas se hace complicada. Los de Sacramento deciden tirar por un show bastante cañero y old school adaptado al nivel de metaleo del Hellfest. Se centran en sus tres primeros discos sin olvidar los mejores temas de los recientes. Como tampoco me está cambiando la vida, me pone fácil el dilema y después de unas cuantas canciones me voy a mi zona de confort donde Dead Cross ya han empezado. Ni punto de comparación la calidad de sonido y la contundencia que podemos ver durante todo el concierto, uno de los mejores de esta edición del festival. Al frente de este supergrupo tenemos a Mike Patton con su atril y su megáfono como si fuera un interprete de música clásica enloquecido. A su escaso repertorio, solo un EP y un LP, le añaden unas cuantas versiones de Bauhaus, Dead Kennedys, The Stooges y, otra vez, “Raining Blood” de Slayer. En serio, basta ya. Se perdona por la legitimidad de contar con Dave Lombardo, que grabó las baterías del tema original, y porque rápidamente se fusionó con “Epic” de Faith No More.

Para acabar la noche de buen rollo nos quedamos a ver una vez más a Neurosis y a Hatebreed. Neurosis son un estado mental, esta vez si es una metáfora, el mejor momento del concierto es la tamborrada de “Through Silver in Blood”. Con Hatebreed no hay lugar para metáforas de ningún tipo. Canciones y letras directas. Con especial atención a sus dos primeros discos por estar de aniversario.

DOMINGO 24 DE JUNIO

El último día lo afrontamos desde la brevedad para llegar con toda la energía a lo que consideramos nuestro segundo cabeza de cartel: Amenra. Empezamos directamente con Nebula. Buen stoner tranqui que genera menos expectación que 1000mods pese a provenir de las entrañas de Fu Manchu. Tras ellos, en el mismo Valley, es el turno de Zeal & Ardor. Sin duda uno de los mejores conciertos de esta edición del Hellfest. Su propuesta en directo procura una especial atención a las voces, pues sin duda es en el canto espiritual negro y no en el black metal donde reside la potencia del grupo. El cantante, Manuel Gagneux cuenta con un micro distinto para que los dos marcados estilos de su voz suenen al nivel y ecualización adecuados, además está respaldado por dos coristas que permiten reproducir, e incluso dar más profundidad, a lo grabado en el estudio.

Aunque no es lo nuestro, en un par de ocasiones nos acercamos a ver el microfestival de hard rock escandinavo que se ha montado en la Warzone. Backyard Babies, Gluecifer, The Hellacopters y Turbonegro. Lxs amantes del rollo tienen que estar encantadxs. Para nosotrxs, otro de los mejores conciertos fue el de Baroness. Debido a una emergencia familiar, su batería tuvo que regresar a casa esa misma mañana. Pese a las dudas, las inseguridades y los nervios, Baroness deciden no cancelar e improvisar un show acústico especial. La respuesta del público no se la esperan, llenazo de la carpa y conexión total que convierten una situación amarga en una ocasión única. John Baizley y Gina Gleason no dejan de demostrar la emoción y la gratitud que sienten con un público que, en ocasiones, convierte sus palmas en el batería ausente.

No sé si el Hellfest se está convirtiendo en un festival familiar o si siempre lo ha sido pero me estoy dando cuenta al merodear más este año por la zona de los Mainstages. La zona del público durante el concierto de Alice in Chains es una estampa poco rockera: tumbonas, puffs hinchables, la noria y una extendida actitud de resort canario con pulsera de todo incluido en lugar de la de un festival. Otra cosa peculiar es la ingente cantidad de camisetas de Metallica, teniendo en cuenta que no tocan. Deben rondar el 50% si no contamos las del propio festival. Ah, Alice in Chains bien.

El momento final y cumbre del festival es el concierto de Amenra. Uno de los grupos más interesantes y potentes de la actualidad. Por suerte y por desgracia, muchxs no lo saben y están viendo a Marilyn Manson arrastrarse en el escenario principal. Los conciertos de Amenra son una experiencia en la que desconectar la consciencia y disfrutar del su desgarrador sonido. Por eso sería un error estar pendiente de lo que contar posteriormente en esta crónica.

En los festivales soy partidario de terminar cada noche en alto. Suelo irme a dormir tras los conciertos más especiales, sin ver otros que puedan disminuir las buenas sensaciones. Pero el caso es que de camino a la tienda de campaña nos cruzamos con Carpenter Brut, uno de los tres grupos que cerraban el festival, nos dejamos arrastrar y acabó siendo brutal. Record del festival de crowdsurfing por minuto. Llegando a estar tan saturado el espacio aéreo que me crucé con una persona avanzando hacia el escenario a gatas. Desfase total que culminó con “Maniac”. Nadie diría que un festival llamado Hellfest iba a cerrar su decimotercera edición con la música de Flashdance.