Autor: Juanse Gutiérrez (Nubis)

Este año se cumplirán catorce años del lanzamiento de un disco emblemático dentro del panorama Metal. Isis siempre huyó de etiquetas, esa fue su bandera y clara filosofía, trabajando e interpretando lo que siempre sintieron que debían hacer. Tal fue su devoción por el camino propio que cuando sintieron la necesidad de separarse, sencillamente lo hicieron. A pesar de esta burbuja y aura de misterio invariable, sus seguidores jamás se sintieron enojados o decepcionados, al contrario.

En apariencia ambiciosos o pretenciosos, Isis se alejan de lo mundano y los sentimientos básicos para adentrarse y devolvernos con su música una complejidad sutil, basada en pasajes y atmósferas, tormentas de emociones donde cada oyente recogerá una sensación o recuerdo complejo, suma de otros tantos más pequeños. Digamos que es un Metal “ambiental” para la inteligencia del oyente, tan interconectado que está el cerebro al corazón.

Isis son claros discípulos de Neurosis y Godflesh, además de estar influenciados por gigantes del tipo Tool o Melvins, con los cuales tuvieron el placer de colaborar. El disco que quiero abordar es el tercero de su carrera. Panopticon es una continuación no directa del álbum Oceanic, donde la rabia estaba más presente. En dicho trabajo eran más claras las influencias Hardcore y Sludge, donde resquicios de la influencia Post-Rock ya asomaban. Esto les llevó a ser catalogados con la etiqueta Post-Metal (en ocasiones tan apócrifa), asunto que su guitarra líder, Aaron Turner, siempre rechazó, mal disimulando su sensación de ofensa. Sin embargo, en el interior debía sentir cierto orgullo por haber logrado, digamos, un nuevo sub-género junto a contemporáneos como Cult of Luna, Pelican o Rosetta. El Post-Rock se tornaba agresivo, y resultaba tan bello como de costumbre. A esta camada se les atribuyó realizar un Sludge Metal más atmosférico (Atmospheric Sludge Metal, etiqueta preferible a la ambigua Post-Metal).

El álbum comienza con So Did We, y no es posible mejor inicio. Aun sin saber de la banda, nos queda clara su intención desde el primer segundo con ese ataque de distorsión, donde la voz nos da la bienvenida con un Hardcore moderado. De repente un cambio de ritmo nos permite descansar y asociar qué acaba de suceder, mientras se produce sin fin aparente uno de los múltiples pasajes de repetición tan característicos de Isis. Esta es una de las armas o herramientas, un abuso nada cansino de la repetición para ir nublando la mente y ayudar a introducirnos en el mundo de su sonido. Una vez dentro, seremos golpeados con cambios repentinos que no dañan, que ayudan despacio a acentuar la emoción, progresando el ritmo poco a poco, poco a poco… la voz nos visita para entonces callar por el resto de la canción. Todos los instrumentos están al mismo nivel, y el ritmo casi tribal nos mantiene ahí, suspendidos sobre un mar de sonido. Las guitarras son ahora protagonistas con melodías súper emotivas que logran remarcarse cada vez más, evolucionando la canción hasta el estallido de conmoción distorsionada que no tendrá merced con nosotros, todo por lograr arrancarnos un pedazo interior que desconocíamos poseer.

Los Isis se han pronunciado. Y es sólo el comienzo del disco.

De nuevo un cambio radical. Es realmente admirable que estos detalles no resulten cansinos aun si se conocen de antemano. Backlit es Post-Rock al uso, destacando el bajo con sus golpes entre arpegios amables de guitarra. Como imaginamos, llega la distorsión, sin embargo calmada, acompañada de una voz dolida sin llegar al punto de agresividad. Los arpegios siguen luciéndose, y cuando el ambiente está establecido, llega la agresividad. Son excelentes estos cambios, dignos de ejemplo para aprender todo artista y banda. Regresamos a lo tribal para alcanzar la hipnosis. Las guitarras mantienen una conversación interesante entre ellas, una que parece enaltecerse en cada intercambio, y dicen más que las palabras. Son bien conocidos los crescendos o estallidos en el clímax de este género, y este tema no iba a ser menos. Creciendo y creciendo hasta que…

In Fiction inicia con una atmósfera oscura que parece relatar sobre una historia en algún lugar apartado. Ese lugar, desolado, tiene reminiscencias de un suceso triste por cómo lo cuenta la melodía tenue con efecto del bajo. Tiene cierto aire al Disintegration de The Cure, una especie de melancolía hermosa de la que sólo podemos entristecernos. El bajo toma más protagonismo, nos habla sin letras, donde nos percatamos que la presencia de la voz en este disco es anecdótica, detalle importante para el conjunto. Las guitarras se enojan, y el bajo responde en consecuencia. La atmósfera se torna más opresiva. La voz llega en lo repentino, más melódica aunque con un toque desgarrado a lo Grunge, y hace la función de un narrador con destino nefasto. Asume su papel y aguanta la subida de efectos, distorsiones y melodías junto al ritmo repetitivo y eficaz. Se producen riffs dignos del mejor Sludge y continuamos escuchando la historia. Aquí Tool tiene su clara presencia en la inspiración de estos músicos. Queda escuchar cómo se repiten patrones y asumir que acabamos de vivir uno de los mejores momentos del disco.

Un pasaje etéreo da paso a la siguiente canción, Wills Dissolve, donde reminiscencias de la anterior atmósfera oscura perduran. Guitarras de tonos peculiares juegan con acordes y punteos que se cuelan. Es hora que se luzca lo acústico, estando cada instrumento al mismo volumen. Juegan con nuestros oídos sin llegar a saber si están alegres o tristes. Sólo podemos estar mesmerizados, dejar que las imágenes se sigan sucediendo. Momento Metal, un poco de voz, y vuelta a las imágenes. Una historia ambigua con inevitable final trágico nos es narrada. No queremos que suceda lo inevitable, lo sentimos en el fondo de la voz, que hay algo terrible oculto. Queda descubrir el final, donde todo instrumento se descubre trágico y magnifico. Una armonía queda al fondo.

Syndic Calls muestra imágenes de un océano que acaba de estabilizarse tras suceder la más cruda de las tormentas. ¿Es acaso el mismo océano que el del anterior álbum? La voz, espontánea, no lo aclara. Riffs de guitarra apoyan a la batería en el ritmo absorbente. Se va reforzando y el alrededor se calla para centrarse en la cadencia, repleta de acentos de un batería siempre eficaz. El tema tiene constantes cambios, imprevisibles y que nunca desentonan. Parece un caos bien encajado. Momento crescendo, y es increíble que por mucho que sepamos, nunca estemos preparados para el clímax. Deben de ser esas repeticiones constantes que nos bajan los muros de la conciencia, permitiendo la facilidad de entrada para esas partes instrumentales, donde el virtuosismo destaca en saber mantener ese conjunto. Lo mejor será seguir dejándose llevar.

Ya se siente un aire de final. Altered Course inicia con elementos Post-Rock que nos permiten descansar. Sabemos que será temporal, y en el fondo así lo deseamos. Una de las guitarras va progresando en su emoción, y el ritmo ya nos ha atrapado desde hace un rato. Aquí el fuerte son la sucesión de acordes, tan bien medidos dentro de la velocidad que se ha mantenido durante todo el disco. Progresiones, silencio por parte de la voz, un efecto de guitarra ajeno a lo escuchado hasta el momento crea junto a sonidos electrónicos un ambiente digno de templo. Esta es la canción más ambiental, en cierto modo la más desoladora, pero nos sentimos bien. Es una constante que cruzamos en sueños, acaso sabiendo que el último tramo debe ser recorrido por el alma.

El tema de despedida, Grinning Mouths, se muestra con tono de epílogo. El bajo mantiene la misma nota. Estamos a merced de las guitarras hablando al mismo tiempo con diferentes melodías. Sucesión de cambios bienvenidos. Hay un sabor amargo por algo que está por suceder. La voz se ha mantenido callada, ¿qué sucede? Todo va creciendo y ésta regresa con el tono más agresivo hasta el momento, lo que permite pasar a un cambio donde cada instrumentista se va a ir desatando con calma, formando la tormenta final. Asumimos el destino, y resulta bello por lo nefasto. La épica final es cortada abruptamente.

Panopticon puede ser definido como un álbum instrumental, ya que la voz es usada con poca frecuencia (quizá este pueda ser para alguien el único “pero” del disco). Los puntos fuertes son claros con esa producción impecable, limpieza en el sonido, belleza constante y trabajo de composición con esa paciencia de mantener una cadencia efectiva que resulta más compleja de lo que aparenta, debido a una densidad, a la esencia ubicada en el fondo y que no se muestra salvo si estamos predispuestos, ya sea rodeados de oscuridad y con una imaginación que sabe dejarse llevar.

Comprendo este trabajo como un océano en calma revuelto en su interior. Una tormenta acaba de pasar, y las reminiscencias aún perdurarán, como la huella que dejó este trabajo en el panorama Metal, logrando que Isis se diera a conocer más allá del ámbito underground (increíble que una banda de estas características se colara en los Tops de más vendidos y similares, aquella buena época donde hasta Tool o The Mars Volta lo lograron).

En mi caso, fue amor a primera escucha hacia esta banda. Todo su material posee calidad, y el hecho de que se separasen logró que aumentara el valor de su música. Puede que fuese lo correcto, porque un mal disco hubiera arruinado un legado que se mantiene como el ritmo de sus canciones, tan eterno y constante.