Resurrection Fest 2019
Viveiro
Resurrection Fest
Texto: R13
Fotos: Aldara ZN

MIÉRCOLES 3 DE JULIO

Como cada año, la warm-up party del Resurrection Fest concentra un puñado de buenos grupos, incluso alguno de los que consideramos platos fuertes, además de ser una muestra equilibrada de los sonidos que van a estar presentes a lo largo del festival: metalcore, thrash, hardcore y metal.

La primera jornada se concentra alrededor del escenario Ritual, por lo que los cambios entre grupos tienen que ser más rápidos de lo normal en detrimento del sonido que, durante toda la jornada y como es normal, tarda dos o tres canciones en sonar como debe. Llegamos justitxs para ver a la banda de metalcore Bury Tomorrow que, para lo poco que trabajamos por aquí el género, no están nada mal para ir tomando posiciones. Enseguida descubrimos cuál será el grito de guerra de la decimocuarta edición del Resu. Si el año pasado fue el “UpyD” de La vida moderna, este es el “A por el bote” de La resistencia. La primera hace gracia, la vez cuatrocientos, un poco menos. Tras ellos salen Municipal Waste al escenario a volcar del camión de la basura la velocidad, riffs y estribillos machacones de su thrash crossover. Muy divertidos como siempre.

Pronto llega el momento de uno de los grupos que más nos gusta del cartel. Ignite salen al escenario y aunque tardan un par de canciones en estar cómodos, es fácil hacer un buen concierto con semejante colección de temazos. Centrados en tocar casi entero su discazo «Our Darkest Days» incluida una versión semiacústica de «Slowdown», solo añaden las clásicas «Veteran» y «Run», «Nothing Can Stop Me» del último disco y «We’re Only Gonna Die», versión de Bad Religion. Para terminar la noche tenemos a Kvelertak, un grupo que nunca me ha llamado mucho la atención, pero al que hay que reconocerle la energía de su propuesta. Difícilmente se puede considerar a su show parte del calentamiento. La aspereza de sus riffs, los fuegos con los que se acompañan y la actitud sobre el escenario, llevan a Viveiro al primer momento de partido puro y duro. Todo ello rematado al final con el bajista ondeando una enorme bandera del grupo y la mitad de ellos tocando sobre la gente.

JUEVES 4 DE JULIO

El jueves comienza con una mala noticia. Parece que se ha caído del cartel uno de los alicientes que me hacen venir año tras año al Resu: no hay pulpo para la pizza de pulpo. Parece que la organización está trabajando para poder contar con su presencia durante los siguientes días. Del disgusto sustituimos la comida, mentira, por ir temprano al recinto y ver una buena ronda de grupos estatales. Como cada año, desde que existe, nos hacemos fuertes en el Desert Stage, templo del stoner y alrededores. Empezamos con el stoner endoomezido de Cabeza de caballo, seguimos con unos Control de plagas que recuerdan mucho a El corazón del sapo, snif, y los muy recomendables Voltaia, primeros representantes de la amplia presencia euskaldun en el festi. Es la hora del debut de Catorce en el Resu y, por lo que sea, la recomendación que hicimos en Rockodrome no les ha llenado la carpa del Chaos Stage. En cambio cuentan con un nutrido número de fieles que se saben y cantan las letras atrapados en su sonido. También es la primera vez de los psicodélicos Electric Monolith, que suenan fantástico.

A estas horas empieza a hacer presencia una de las protagonistas del día: la lluvia. Con las primeras gotas, desde las barras los camareros empiezan a lanzar cientos de ponchos que SON Estrella Galicia (merecida publicidad gratis por salvarnos el día) a lo zorro tenían preparados para este momento. Debe ser que conocen bien la zona. Pese a las primeras lluvias, la gente no se pierde a nuestras queridas Bones of Minerva. La lluvia da algo de tregua durante el concierto de Toundra. ¿Qué decir a estas alturas de ellos? Les hemos visto de todas las formas posibles: en sitios enormes como en festivales y en el palacio de los deportes, en salas minúsculas como Ritmo & Compás y Wurli, tocando en cines o en teatros, como Exquirla, etc. y siempre bien. Imposible cansarse. Esta vez destacaré lo que me atrapan las líneas de bajo. Si no lo habéis hecho, escuchadlas bien la próxima vez que los veáis.

Cuando llega la hora de Slayer alucinamos con el despliegue de efectos de sonido y luz de la intro de su gira de despedida. Sin embargo no se trata de eso, sino de una tormenta eléctrica que retrasa todo y nos deja sin música 45 minutos. Cabe destacar la impecable actitud del festival que, desde el primer minuto, veló por la seguridad de las personas allí presentes e informó y actualizó la información a través de las pantallas, algo no muy habitual en el pasado de los festivales de este país. Cuando, por fin, pueden salir Slayer al escenario nos encontramos con uno de los conciertos más inspirados que les recuerdo y con grandes dosis de fuego sobre el escenario. Buen repaso a su dilatada carrera, respaldados por una hoguera “incontrolada” donde iban quemando los temas de los que se van despidiendo en su última gira.

Para hacer una transición coherente entre cabezas de cartel, me acerco a ver por enésima vez a Terror que no defraudan y se dedican a soltar uno tras otros himnos hardcoretas. Después, me da tiempo a coger un buen sitio para ver a un grupo del que prácticamente no sé nada. Alucino con el tirón que tiene Parkway Drive, ¿esto cuándo ha pasado? También alucino con la innovadora y efectista intro de su concierto. Lo que parecía un vídeo grabado que acabaría con el grupo saliendo al escenario, se convierte en un espectacular paseo que comienza en la zona VIP rodeados de antorchas, atraviesa al público que les abren paso y acaba con ellos subiendo al escenario por delante. A veces, fliparse funciona. Por lo demás, mucho fuego, chispas y petardazos. Para no ser valencianos tiene mérito. Para acabar la jornada de manera más relajada, toca acercarse hasta el concierto de la leyenda del stoner Brant Bjork, que nos ofrece una buena ración de los sonidos que ha explorado en su larga carrera acompañado a la voz por el peculiar Sean Wheeler.

VIERNES 5 DE JULIO

El viernes decidimos no correr riesgos e ir a comer pulpo a un sitio secreto del Viveiro profundo. Tras el éxito ya podemos volver al recinto del Resurrection. Llegamos justo para ver a While She Sleeps que, pesé a la sustitución temporal del cantante por Scott Kennedy de Bleed From Within, tienen a la gente loca. A este rimo, la proyección del grupo es difícilmente calculable. Aunque por aquí nos camelan más Santo Rostro, que están sonando perfecto en el escenario Desert. A ellos se une Javi de Cabeza de caballo para cantar un tema. Volvemos al escenario principal para ver un poquito más de metal de masas con Trivium, que nos ofrecen el último concierto de su gira a cambio de unos buenos circle pits.

La jornada del viernes tocar tomársela con calma, porque lo que más nos interesa se apelotona a las últimas horas. Tras ver tranquilamente tumbado a Wet Cactus, no queda otra que despertarse con el bofetón sónico de Venom, fruto de la combinación de la contundencia de la voz de la cantante y el buen sonido que les acompaña. Llega el momento de ver por primera vez a Slipknot, un grupo que nunca me ha llamado especialmente la atención pero que, a base de gustarme dos canciones por disco, me encuentro en disposición de parar de seguir evitándolos. Es imposible pedirles la energía que se les atribuía hace 20 años, ahora nos encontramos ante un grupo que ha ido creciendo técnicamente pero que, conforme ha crecido el tamaño de los escenarios en los que tocan, no sale beneficiado del espacio que les separa a ellos y al caos que les hizo famosos.

Antes de que acaben los de Iowa procedemos a coger, innecesariamente, sitio en Converge. Parece que la noche se ha acabado y el Chaos Stage no llega a llenarse. Quizá Converge son caos y contundencia real o demasiada poca gente sobre el escenario. No sé si será por haberles visto mil veces, pero es uno de esos grupos que contra lo que podría suponer su propuesta me ponen todo contento y con una sonrisa en la boca. Toca empalmar entre los tres últimos conciertos y llegar a The Ocean ya empezados. Después de un buen tiempo sin verles en directo podemos disfrutar de uno de los mejores shows del festival, con muy buen sonido. Pero tenemos que abandonarles antes de tiempo para poder ver a Birds in row, jefazos indiscutibles del screamo y post-hardcore francés.

SÁBADO 6 DE JULIO

Estamos a sábado y es el último día del festival. Tras el cansancio acumulado de los tres días anteriores, toca tomárselo con calma. Empezamos la jornada con la tranquilidad de haber conseguido, por fin, nuestra pizza de pulpo y unos primeros conciertos muy tranquilitos. Primero los paisajes sonoros, no faltos de intensidad, de los instrumentales Syberia. Después, concierto acústico semi por sorpresa de Gorka Urbizu de Berri Txarrak similar al que ya hizo en el Resu del 2012. Gorka interpreta con la timidez y humildad que le caracteriza «Zertarako amestu», «Katedral bat», «Min hau» de Katamalo, «Redemption Song» de Bob Marley y «Maravillas», mientras pregunta qué hacemos ahí habiendo otros conciertos. Al final, entre la demora, lo bien que se estaba y que era imposible salir con tanta gente que se había concentrado, llegamos con Eraso! empezados. Les debemos medio concierto, a pagar pronto porque fueron de lo mejor del festival. Después de ellos toca Cobra, en los que también está David de Berri, que sonaron especialmente bien.

Pasamos de puntillas una vez más por Lamb of God. No entiendo por qué, teniendo todos los ingredientes para gustarme, no consiguen terminar de conquistarme. Me consta que no soy el único. Justo después es el momento de Berri Txarrak de despedirse del Resu después de unas cuantas ediciones. Pese a la variedad de estilos que tocan, o gracias a ello y a tener preparado un concierto de más de tres horas para la semana siguiente en Bilbo, hacen un setlist especialmente cañero y ajustado a los gustos del público de este festival en concreto. Este tipo de cosas les hace estar en el lugar en el que están. La otra es que siempre suenan bien, aunque esta vez no llegaron a comerse a todo el festival como en 2015 cuando sonaron mejor que Korn, Motörhead y Refused.

Ya solo quedan dos cartuchos en la edición de 2019, por suerte cada uno está entre los grupos favoritos del equipo de Rockodrome presente en el festi. El concierto de Cult of Luna es lo más serio que hemos visto este año. Temazos y un muro de sonido acompañados de las mejores luces del festival y una escenografía muy sencilla pero efectiva y coherente con el estilo de los suecos. Entran directos al top, con permiso de Melvins, de los grupos en los que dos baterías aportan mucho jugando con las sincronías, las diferencias en los matices y la intensidad. Por último, una última dosis de psicodelia y stoner de mano de los veteranísimos Colour Haze, que cierran el festival con la ya mítica «Love».